lunes, 14 de mayo de 2012

El gato bilingüe


Para el maestro Francisco Javier Rosas Hernández con agradecimiento y cariño 
            En una ranchería no muy lejana de la ciudad, los animales se reunían al atardecer para platicar un rato antes de dormir; del corral salían las gallinas cuidadas por el gallo, las ovejas observadas por el perro, la vaca y el cerdo, y entre todos ellos, sin razón aparente, apareció  un gato negro.
Esa tarde, como tantas, en la que los animales, contaban las anécdotas del día, como que –por ejemplo- la vaca había encontrado una mariposa con unos colores maravillosos mientras comía; las ovejas hablaban de la belleza del atardecer que habían contemplado en compañía de su pastor; las gallinas comentaban sobre la impecable organización de las hormigas; el cerdo señalaba la ligereza con la que los pájaros tomaban agua de los charcos. El gato negro escuchaba sin decir nada. Los animales se dieron cuenta inmediatamente de la presencia de aquel visitante y como eran educados en extremo sintieron como muestra de descortesía no preguntarle al gato negro cómo había estado su día.
            El gato maulló una respuesta inesperada:
            -Pues mis queridos animaleishons: vaqueishon, ovejeishons, cerdeishon, gallineishons, galleishon y perreishon, a mí gustarme quedarme dormido y descansar porque yo pasear en la nocheishon.
            ¿Qué dijo?, se preguntaron los animales, ¿en qué idioma habla? No entendemos nada.
            -Oh, mis queridos amigueishons, esto ser inglés, un idioma que hablar muchos millones de personas en el mundo; como ven yo ser un gateishon bilingueishon, o sea, traducido al español, yo ser un gato bilingüe.
            -Bilin… ¿qué?
            -Bilingüe, yo hablar dos idiomas: inglés y español.
            -¿Español dices? Oye, pues hablas un español muy raro, ¿no te parece?
            -Oh, es porque yo vivir muchos años en otros países del mundo donde hablar inglés y el español se me confunde un poco, pero no preocupeishon, yo poder mejorar. Lo importante es que yo hablar inglés, un idioma indispensable en la vida… y ustedes… no.
            Los animales se miraron los unos a los otros con cara de angustia, pero qué barbaridad, ellos no sabían nada de inglés, casi ni entendían lo que les decía el gato, ¿cómo habían podido vivir así tantos años?
            -¿Y dices que es un idioma importante?  -le preguntó el cerdo.
            -Oh, amigueishon, es el idioma más importante.
            De nueva cuenta, los animales se sintieron mal, muy mal, su falta de conocimientos de la lengua inglesa los avergonzaba.
            El gato los miró satisfecho, el hecho de saber algo que los demás no sabían le daba poder:
            -Si ustedes querer, yo poder enseñarles inglés a cambio de comida.
            -¿De verdad? -preguntaron los animales entusiasmados-, ¿tú podrías enseñarnos?
            -Claro, yo ser un maestreishon calificado, o sea, un gran maestro. Ustedes pagar mis servicios con la mitad de su comida y yo enseñar inglés.
            Los animales estuvieron de acuerdo, sufrirían la pérdida de la mitad de su alimento, pero pensaron que algún sacrificio tenían que hacer a cambio de aprender el idioma más importante del mundo.
            Al día siguiente, cada uno de los animales separó su alimento en mitades: una mitad para ellos y otra para el gato. El gato comió mucho, muchísimo, tanto que casi no se podía mover; en cambio, los animales se quedaron con hambre y en consecuencia, escuchaban sus tripas tronar como nueces.
            -Bien  -dijo el gato, después de un rato de haber reposado la comida-, ser hora de la clase de inglés. Ustedes venir, la lección de hoy ser aprender a decir hola, repitan: holeishon.
            - Holeishon  -repitieron los animales a coro.
            -Muy bien  -dijo el gato-,  otra vez.
            - Holeishon.
            -Perfecshon  -dijo el gato-.  Esto ser todo por hoy, yo no querer dar a ustedes demasiada información porque entonces ser mucho y ustedes no aprender nada. Hasta mañana, amigueishons.  No olvidar practicar el inglés.

            Los animales salieron de la clase de inglés felices, pensaron que por fin estaban aprendiendo algo importante; practicaron hasta el cansancio su nueva palabra:
            - Holeishon, vaca.
            - Holeishon, oveja.
            - Holeishon, gallo.
            - Holeishon, cerdo.
Así terminaron el día: hambrientos, pero satisfechos con el conocimiento que estaban adquiriendo.
No obstante, despertaron un poco cansados, les costó trabajo abrir los ojos, sentían un vacío estomacal.
Determinados a aprender inglés, una vez más, como lo habían hecho el día anterior, separaron la comida en dos porciones iguales y sólo ingirieron una de ellas.
El gato comió sus porciones con dificultad, es que se trataba de mucha comida, pero, haciendo un gran esfuerzo, se lo comió todo.

            Después de una siesta que le asentó tanto alimento, llamó a los animales a su clase de inglés:
            -Ustedes venir que ya es hora de la clase.
            Los animales se acercaron gustosos, ¿qué palabras nuevas aprenderían hoy?
            -Hoy yo enseñar la palabra adiós, repitan todos: adioseishon.
            - Adioseishon.
            -Muy bien. Una vez más.
            - Adioseishon.
            -Perfecshon. Eso ser todo por hoy. Nosotros vernos mañana, adioseishon amigueishons.
            Los animales tenían mucha hambre, a algunos les dolía la cabeza, a otros el estómago; para olvidar sus malestares practicaron sus dos nuevas palabras.
            -Holeishon, perro; ya me voy, adioseishon.
            - Adioseishon, perro; holeishon, gallina.
            Y así lo hicieron hasta que se quedaron dormidos.
            La mañana siguiente amanecieron  débiles y cansados, la falta de alimento les estaba ocasionando problemas serios.
            -Debemos hablar con el gato  -dijo el cerdo-, tal vez acceda a un trato más justo: quitarnos la mitad de nuestra ración es demasiado, ¿por qué no le proponemos darle una cuarta parte de nuestra comida?
            -Suena razonable  -dijo la vaca-, además él ya casi ni puede caminar de lo abultada que tiene la panza, casi roza el piso; si sigue comiendo así, se va a morir.
            -Y nosotros  -dijo el perro-, si continuamos con esta dieta tan restringida, también nos vamos a morir. Aprender es importante, cierto; pero comer es fundamental.
            Los animales sentían que la razón los acompañaba y confiados en este hecho fueron a hacerle saber al gato sus pensamientos, pero el gato era difícil de convencer.
            -Oh, amigueishons, yo no poder hacer eso que ustedes querer: un trato ser un trato y deber respetarlo. Si ustedes querer aprender inglés, tener que pagar lo acordado; el inglés ser un idioma caro.
            La negativa del gato dejó tristes a los animales, ¿cómo podían continuar con su educación bilingüe a un precio tan alto?
            Decidieron que debían pensarlo mejor, hacer una reflexión profunda. Mientras tanto, cada uno fue a sus faenas: las ovejas a los prados, las gallinas al corral, el cerdo entre los charcos… y ahí en los charcos que usaban como fuente los pájaros fue que  uno de ellos notó el malestar del cerdo.

            -¿Qué te pasa? –le preguntó el pajarito.
            -Estoy triste.
            -¿Por qué?
            -Pues, es que… ¿conoces al gato negro?
            -Sí  -contestó el pajarito.
            -Bueno, pues él es bilingüe, habla inglés y español; el inglés es el idioma más importante del mundo y nos lo está enseñando, pero ya no podemos seguirle pagando, quiere que le demos la mitad de nuestra comida y a causa de la falta de alimento nos sentimos débiles. Yo quisiera seguir aprendiendo, me ilusiona mucho hablar en inglés; pero no puedo dejar de comer, enfermaría.
            -¡Vaya!  -dijo el pajarito-, con qué el gato es bilingüe y les pide la mitad de su comida. Espera aquí, creo que puedo ayudarte a solucionar ese problema.
            El pajarito salió volando de prisa y en unos momentos llegó con otro pájaro de pecho rojo.

-Cerdo, éste es mi tío Juan, acaba de llegar del extranjero, ha vivido allá muchísimos años y habla inglés; tal vez él podría enseñarles a un precio moderado.
-Eso sería maravilloso, ¿podría usted hacer eso, señor Juan? ¿Podría enseñarnos?
            -Claro, será un placer.
            -¿Qué pide a cambio?
            -¿Qué te parece veinte granos de alpiste por clase?
            -¡Perfecto! Suena muy razonable, voy a decírselo a los demás, en un momento vengo, adioseishon.
            -¿Adioseishon?
            -Sí, adioseishon, es una palabra en inglés, usted seguro que la ha oído, significa adiós.
            -Discúlpame, cerdito, pero adioseishon no significa adiós, de hecho, creo que no significa nada, nunca había oído esa palabra.
            -¿Que no significa nada? ¿No es una palabra en inglés?
            -No.
            -¿Está usted seguro?
            -Completamente, adiós en inglés se dice good bye.
            -¿Qué tal holeishon?
            -Tampoco la había escuchado.
            -Pero, ¿no significa hola?
            -No, hello  significa hola.
            -¿Cómo? Ese gato nos ha estado viendo la cara: engañándonos, mintiéndonos y encima de todo nos ha quitado nuestra comida.
            El cerdito corrió a decirles a los demás animales lo que pasaba. Cuando lo supieron los otros se enojaron mucho. 
            -¡Qué gato este tan más tramposo!  -dijo la vaca.
            -Se ha burlado de nosotros a sus anchas.
            Pensaron en que debían darle una lección al gato, se debatían entre varias ideas que le enseñaran al gato que lo que había hecho con ellos estaba mal. Para ajustar cuentas, lo mandaron llamar; al encuentro también acudieron el pajarito y su tío, el señor Juan.
            -Gato –dijo el perro-, queremos presentarte al tío de nuestro amigo el pajarito, él habla muy bien inglés y ya que tú también lo hablas, puedes conversar con él.
            El pájaro Juan empezó a hablar en inglés, parecía que le hacía preguntas al gato, pero él no le contestaba nada.
            -¿Qué pasa, gato, te comió la lengua el ratón? ¿Por qué no saludas al señor diciéndole holeishon,  como nos enseñaste?
            El gato no dijo nada, fue el tío Juan quien dijo:
            -Este gato, o es mudo, o no habla inglés.
            -Pues mudo no es porque nosotros lo hemos oído hablar  -señaló el gallo.
            -Entonces no sabe hablar inglés… ¿o sí sabes, gato?
            El gato movió la cabeza expresando negación.
            -Muy bonito, entonces no hablas inglés, ¿nos mentiste?
-Sí  -dijo finalmente el gato-, no hablo inglés.
            -¿Por qué mentiste?
-Porque yo quería que pensaran que sí he viajado y… que soy importante.
-Todos somos importantes  -dijo la gallina-, no tenías que haber mentido.
-Es que yo quería ser más importante que ustedes, pensé que si hablaba el idioma más importante del mundo, entonces…
            -Un momento –dijo el tío Juan-, perdón que los interrumpa, ¿pero cómo está eso de que hay un idioma más importante? Discúlpenme, pero eso es incorrecto: todos los idiomas son importantes, todos son valiosos y dignos de aprenderse. Por ejemplo, nuestro idioma, el español, es la lengua, después del chino mandarín y el inglés, más hablada en el mundo, por lo que debes estar muy orgulloso de hablar español, gato, y por lo mismo, debes hablarlo lo más correctamente posible.
            El gato, en su situación de culpable, se dejó regañar. Pero el comentario del tío Juan fue más que un regaño, fue una llamada de atención para todos.
            -Señor Juan, disculpe, ¿entonces el español es un idioma importante? -preguntó el cerdito-, ¿hablo una lengua importante?
            -Sí, amigo cerdo, debes sentirte afortunado, muchos millones de personas y animales en el mundo desean aprender español y tú… ya lo hablas.
            -¡Pero, qué suerte!  -exclamó el cerdo.
            Los demás animales también se alegraron de hablar español… una lengua tan importante.
            -Yo tengo una pregunta  -dijo la vaca-: señor Juan, ¿es entonces bueno aprender inglés? Si ya hablamos un idioma tan importante como el español, ¿para qué queremos aprender otro idioma?
            -Contestando a tu pregunta, vaca, te puedo decir que aprender cualquier idioma es muy bueno y deseable, mientras más puedas aprender, mejor. En cuanto al inglés, te puede servir para hacer negocios.
            -O cuando hables con extranjeros  -dijo el perro.
            -O cuando viajes en un crucero…
            -Qué tal si quisieras ser cantante y quisieras cantar en inglés….
-O ser famosa y dar entrevistas…
            -Vaya, entonces sí quiero aprenderlo  -dijo la vaca.
            -En cuanto a ti, gato…
-Siento haberles mentido –dijo el gato- y haberles quitado su comida, merezco un castigo, pero por favor, dejen que me quede aquí en la ranchería, yo expiaré mi falta: haré mandados, quehaceres, favores, todo lo que me pidan.
            Los animales, quienes se caracterizan por su nobleza, aceptaron; dejaron que el gato se quedara e hiciera trabajos de todo tipo y lo mejor de todo… el tío Juan les dio clases de inglés a todos a cambio de veinte granos de alpiste.